{"id":1441,"date":"2010-08-04T08:38:46","date_gmt":"2010-08-04T15:38:46","guid":{"rendered":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/?p=1441"},"modified":"2010-08-04T08:42:30","modified_gmt":"2010-08-04T15:42:30","slug":"en-una-casita-del-centro","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/?p=1441","title":{"rendered":"En una casita del centro."},"content":{"rendered":"<p>Estoy escribiendo este texto en una casita colonial remodelada en el centro de la ciudad de Bogot\u00e1, rodeado de lindas plantas ornamentales cortadas y atendidas por Amalia, una gordita bajita de 37 sin bachillerato, quien se desplaza durante poco m\u00e1s de dos horas y media por d\u00eda para arreglar y limpiar el espacio en el que me siento y en el que disfruto de una soleada ma\u00f1ana capitalina, poco frecuente por los diversos fen\u00f3menos clim\u00e1ticos. Ella casi ni me mira mientras trapea el piso, lo hace con una disciplina \u00fanica, con una entrega que denota su compromiso para con la instituci\u00f3n en la que trabaja, que seguramente es una compa\u00f1\u00eda tercerizadora de servicios de aseo en la capital, que por d\u00eda mueve a cientos de Amalias para mantener las oficinas en las que los ricos, estos rechonchos y bonachones poderosos tienen oficinas lindas, relucientes y brillantes para poder hacer m\u00e1s dinero en menos tiempo -para tener una imagen impecable y pulcra con sus clientes- y as\u00ed, en un circulo que se extiende ad infinitum, mantener sus casas quintas limpias y presentables para una bonita reuni\u00f3n social en la que demostrar el bronceado artificial de la esposa ya no querida y de los hijos malcriados y bul\u00edmicos.<!--more--> Es clara la relaci\u00f3n de complicidad entre Amalia y Jorge, un hombre moreno, guapo, sonriente, feliz, quien, quiz\u00e1 por instrucci\u00f3n, debe reflejar severidad y disciplina pues es el filtro humano del edificio. El, quien tambi\u00e9n trabaja en una compa\u00f1\u00eda de terceros, viste un uniforme azul oscuro y porta tantas se\u00f1ales de autoridad que le sobran, un quepis negro y azul, un bolillo negro sin usar, un pedacito de tela con su apellido como identificaci\u00f3n, una correa gruesa y unas botas militares con la punta de acero. Su trabajo, es el de mirar todo el d\u00eda gentes -bonitas y feas-, todas ellas sin duda producto de una dieta balanceada, baja en grasa para evitar el acn\u00e9; de un gimnasio con entrenador privado para tonificar los m\u00fasculos que ya no usamos (pues no corremos tras nuestras victimas para comer, ahora las llamamos por skype o les escribimos un email); de un lifting anual y quiz\u00e1s con algo de botox como retoque para quitarnos los a\u00f1os en esa obsesi\u00f3n insana de juventud eterna.<br \/>\nEsas gentes tan ilustres son examinadas, escrutadas e interrogadas por el en un af\u00e1n constante de seguridad, de protecci\u00f3n, de cuidado, en un af\u00e1n paramilitar de bienestar. El es la barrera que nos libra del desaz\u00f3n del afuera, de esa monta\u00f1a de mierda que crece en una ciudad desordenada y fea, en la que los de la calle se comen su propia suciedad mientras los de adentro engullen viandas en un delicatesen cercano preparadas por la prima hermana de Amalia quien embarazada a los 14 no pudo terminar el bachillerato y termino colada en un curso del Sena para preparar alimentos.<br \/>\nMe dispondr\u00e9 a almorzar dentro de poco en alg\u00fan restaurante del centro que ofrezca un almuerzo ejecutivo de $7.500 con el que podr\u00eda sobrevivir una familia en el centro real de la ciudad casi hasta por una semana, quiz\u00e1 alternando sopa de peri\u00f3dico entre las suplicas y oraciones por un futuro mejor. El almuerzo seguramente estar\u00e1 salpicado de reflexiones intelectuales sobre nuestra realidad y excluir\u00e1 constantemente la mirada del mesero, pues ninguno de los comensales tan cultos tan cultos podr\u00eda hablar con \u00e9l en su franc\u00e9s perfecto o su alem\u00e1n impecable, pues su cotidianeidad es otra, es la de atender, servir, ayudar, traer, moverse a gatas en buses sucios y lentos, llegar a casa y comer algo tan r\u00e1pido como sea posible para adentrase en el sue\u00f1o que le quite el velo de la realidad, que le permita so\u00f1ar por fin, y abrazar a quien quiere y quienes lo quieren en un ritual hermoso de vida, de abrazos, de alegr\u00eda, olvid\u00e1ndose de todo eso que no es suyo y que tampoco necesita.<br \/>\nYa ser\u00e1 hora entonces de moverme en una busetica decorada el m\u00e1ximo, manejada por un alma bonita encerrada en un frasco de mayonesa -de esos grandes de presentaci\u00f3n familiar, que tienen tapa met\u00e1lica oxidada- con ruedas, 11 horas por d\u00eda sentado frente a un volante err\u00e1tico, moviendo gente de arriba abajo, llev\u00e1ndolos a todos por 100 pesos menos, permiti\u00e9ndoles entrar por detr\u00e1s, ofreci\u00e9ndoles una plataforma para contar su miseria y recibir divisas por ellas; recientemente en el banco o\u00ed un par de j\u00f3venes tan lustrados hablando de inversiones primarias y como para los emisores estas son una ventaja comparativa en mercados deprimidos y quiz\u00e1, esta \u00faltima fue la \u00fanica de todas las palabras que entend\u00ed claramente, depresi\u00f3n, una sensaci\u00f3n desconsoladora y vac\u00eda, como la que se lleva el hombre que acaba de cantar precariamente un salmo en el bus y quien se retira cabizbajo luego de no recibir ni una moneda en esa lluvia de mentiras.<br \/>\nCreo que ya esta, me levanto, le agradezco con una sonrisa grande, amplia y sincera a Amalia, quien en un gesto t\u00edmido me responde. Yo no soy nadie para ella, pero lo que me entristece es que ella no sea nadie para mi, por eso la miro, la saludo e intento imprimir algo de humano a una relaci\u00f3n inexistente y hueca, esperando que alg\u00fan d\u00eda desaparezca y nos ponga a los dos en la misma mesa, con los mismos sue\u00f1os.<br \/>\nExtra\u00f1o a la Bogot\u00e1 que amaba.<\/p>\n<p>Javier Ricardo Mejia Sarmiento<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estoy escribiendo este texto en una casita colonial remodelada en el centro de la ciudad de Bogot\u00e1, rodeado de lindas&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"spay_email":""},"categories":[40],"tags":[50],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1441"}],"collection":[{"href":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1441"}],"version-history":[{"count":4,"href":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1441\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1445,"href":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1441\/revisions\/1445"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1441"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1441"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/jrms.pktweb.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1441"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}