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Reacciones al rededor del post: Visión personal del Diseño Industrial impartido en la Universidad Nacional de Colombia

Category : /other · by Apr 10th, 2012

Este post incluye algunas de las reacciones generadas luego de mi lectura del post: Visión personal del Diseño Industrial impartido en la Universidad Nacional de Colombia del blog: lwaviator.wordpress.com

Reacción 01 del 10 de abril de 2012. Sobre la pobreza mental.

Respetado Oscar, imagino que si plasma sus palabras en un medio público como lo es su blog, es porque tiene la intensión, o por lo menos pretende tenerla, de confrontar las ideas expuestas en el texto. Para ello me voy a valer de varias publicaciones, comentarios o pensamientos (como los llama el template de su blog), si el tiempo y la paciencia me lo permiten, que tocarán algunos de los temas expuestos en el mismo y con la intensión de evacuarlos pausada y tranquilamente -como lo ameritan, pues son temas serios, estructurales y por que no, fundamentales-.

El primer tema a tratar y sobre el cual me gustaría leer sus comentarios es el de la “pobreza mental” que usted argumenta tiene el pueblo colombiano, que se hace evidente en su texto: “Los colombianos crecimos creyendo que somos pobres y todavía muchos conservan esa venda, ignorando que la pobreza está en la cabeza”.

La pobreza -cualidad de pobre- es un fenómeno social y económico que proviene de múltiples causas y esta estrechamente vinculada con la imposibilidad de satisfacer las necesidades básicas afectando la calidad de vida del individuo o de la comunidad que se dice pobre. Algunos autores refieren la expresión –pobreza- a la imposibilidad de tener oportunidades para desarrollar sus capacidades (capabilities approach de Amartya Sen) que se enfocan en la libertad positiva, que en la pobreza, impide progresar en el proyecto de vida que los individuos se han trazado haciendo que el problema no sea solamente económico o social y afecte la psique del individuo. Otros (Prahalad) definen el grueso de la población en esta condición –pobreza- como la Base de la Pirámide (BoP por sus sigla en inglés) que determina su estado como el de los que no tienen el poder de compra o adquisitivo para moverse en un mercado, que sobra decir es el mercado del capital.

Esta limitada definición me permite expresarle que la pobreza, desde esta y muchas otras perspectivas no es una condición cultural, es decir no subyace en un grupo humano que por elección, convicción o por pensamiento este en ella. La pobreza es una condición real de inequidad que afecta, según el informe mundial la pobreza absoluta (que es el porcentaje de población comiendo menos alimentos de los necesarios para que el cuerpo humano se pueda sostener – aprox. 2000-2500 kilocalorías al día), a 16,6% de la población total colombiana, y que no está dentro del 51,8% de la población pobre del país.

Las circunstancias para determinar si un grupo en particular se cataloga como empobrecido suelen ser el acceso a recursos como la educación, de la que usted habla permanentemente y esta claro que en un contexto en el que el 51,8% de la población no tiene recursos para movilizarse y el 16,6% no los tiene para comer no es posible pensar en un modelo de educación que construya prohombres intelectuales de la talla que usted pretende.

Por otro lado es posible que la educación en estas latitudes le apueste, o deba apostarle, a la construcción de competitividades menos efímeras y sentidos de éxito menos pomposos que los suyos (“…la educación, quienes la logramos recibir somos competitivos en el mundo…”). Quizá entonces la competitividad que perseguimos esta mas cercana a la innovación abierta y social y limita más con la inclusión que con el éxito.

Imagino además que esta visión de pobreza, excluida repetidamente en su referente: “Por qué los colombianos somos pobres” muy precariamente construido, es mucho menos inocente e incluye formas de pobreza que están por sobre su actuar y con las que seguramente se enfrentó en la Universidad de la que habla permanentemente (número 357) o con la que se enfrenta actualmente (número 243 en el mismo ranking internacional).

Para cerrar, yo si creo tener esa venda (“somos pobres y todavía muchos conservan esa venda”) y trato de ajustarla en mi cabeza cada vez que tengo lucidez para evitar desconectarme de la realidad sobre la que me estoy construyendo y gracias a la cual estoy cambiando, y a la que también yo estoy cambiando, que es, en si misma una revolución, como todas útil, sobre todo para los iconoclastas.

En espera de respuesta.

Respuesta del 11 de abril de 2012.

Javier, veo que mi mensaje llegó más lejos de lo que debía. Bien, de antemano le agradezco su profundo análisis y compartir conmigo su visión sobre mi artículo.

Para empezar quiero desilusionarlo: yo lo escribí con la única y firme intención de cuestionar la “escuela” de Diseño Industrial de la Sede Bogotá de la Universidad Nacional, a petición de un amigo que cursa quinto semestre allí; debido a eso, y muy a pesar de que ya me han dicho que tiene una redacción excelente y una sinceridad muy evidente, no deja de ser una expresión insolente sobre los asuntos que determinaron mi formación profesional y sus personajes.

Respecto a la frase “la pobreza está en la cabeza” al igual que muchas de las líneas que enriquecen el artículo, son literalmente expresadas de un docente, en este caso, Oscar Posada. Él, un controvertido y polémico, exagerado y muchas veces misógino profesor, sentenció semejante frase en primer semestre y le aportaron la dureza necesaria a nuestras mediocres y blandas soluciones creativas porque la necesitábamos.

Yo soy consciente que nuestro país se muere de hambre y jamás he pretendido negar, porque yo no soy el Estado colombiano, estas terribles condiciones sociales que tristemente he visto padecer a personas muy cercanas, más cercanas de lo que se imagina y prácticamente desde que nací; lo de la “pobreza está en la cabeza” es como en su momento argumentó el polémico profesor Posada, que mientras el país se muere de hambre y de inanición, lo poco que le queda en educación porque cada vez a eso le invierten menos y menos, resulta subsidiando a un grupo de estudiantes que pasaron un examen quién sabe cómo porque sus trabajos así no lo demuestran; a eso apunta. Lo que me aterra del documental no es que sea la verdad absoluta, es que cuando le dicen limosnero a un país, tenga razón. Así que mi ataque no es a la condición social y económica de los pobres, es a que quienes tienen la capacidad de dejar de serlo en ocasiones se aprovechan de su suerte.

Entonces así como cada estudiante de la Universidad Nacional le puede costar de 8 a 10 millones de pesos al país, tristemente existen muchos de ellos que no se dan cuenta de la responsabilidad que eso implica y se dedican a seguir siendo mediocres toda la carrera, toda la vida; cuál ha sido mi sorpresa al cruzar el Atlántico al encontrarme a varios de ellos que, estando en Europa, teniendo becas, teniendo excelentes créditos de sostenimiento y viviendo y comiendo bien, están pensando en robarse un cubiertico o dicen “soy colombiano y no tengo para el café, me lo gasta?”. Lógico que las cosas caen por su propio peso y después pierde efecto el engaño; que afuera de Colombia somos muchos porque el país en muchas medidas nos cerró las puertas, en mi caso particular, el país me tiene cerradas las puertas para ejercer mi profesión y en muchos comentarios recibidos de este artículo se ve que existen identificados con ese problema.

Lo de “quienes logramos recibir educación” se refiere a los fenómenos recientes por los cuales el acceso a las universidades, públicas o privadas, va a dificultarse más para todos los niveles socioeconómicos, lo que ha significado la famosa Ley 30, las marchas estudiantiles mundiales, etcétera. Y se refiere a que mientras pasaban los semestres me daba cuenta que el primero fue el semestre con mejores condiciones pedagógicas de mi carrera y a medida que pasaba el tiempo se sentían más los recortes, y se hablaba más de como se hacía universidad hacía una década, o de la duración de sus cierres hace dos.

La razón por las que publiqué esta y muchas más entradas en mi blog es porque mis amigos de Facebook se cansaron de leer mis extensos mensajes apuntando a lo mismo y diciendo lo mismo. Lógico que a pesar de mi insolencia soy consciente de la responsabilidad que eso acarrea, y estoy abierto al debate. Y a responder en el tono en que me hablen, como el insolente que soy. Este artículo se ha hecho famoso gracias a su solicitante, que viendo que contenía asuntos más profundos que los que él mismo lograba manifestar, se impulsó a publicarlo y a hacerme el favor de darme 15 minutos de fama que a lo mejor no merezco.

Le agradezco su profunda preocupación por la realidad de nuestro país, y espero que entienda, y que no quiero ser grosero al decirlo, que al ser Diseñador Industrial me queda un poco difícil -porque mis competencias son limitadas- hacer el papel del sociólogo. Hay muchas cifras, muchas estadísticas, muchos rankings, en Colombia ya no saben ni cuántos secuestrados quedan, o por qué 10 años se hablaba de 2000 y hoy sólo de 800; lo que importa claro es que dizque los están liberando, así sea. Quedo satisfecho al ver que generó mucho interés y una sana discusión que repito, sigue abierta.

Gracias nuevamente por el interés y por comentar.

Oscar Escobar.

Javier Ricardo Mejia Sarmiento.

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(1) Comment

drnn1076
6 years ago ·

En general el texto de Oscar Escobar me parecío solo una sarta de vociferaciones sin estructura, llena de frases provocadoras para ganar atención y un pobre uso del español, una pobre imitación del estilo de Vallejo. Se le ha dado más importancia de la que debería. Sin embargo, tu respuesta es loable.

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